El acoso escolar no es un problema de niños, es una realidad que destruye vidas cuando los adultos y compañeros miran hacia otro lado. Con esta premisa, el CICPC cambió las oficinas por las aulas para enfrentar un «enemigo» que no usa armas, pero deja cicatrices profundas: la violencia en los salones.
El Comisario Jefe Carlos Briceño, líder de la Delegación Municipal Coro, junto al Comisario General Rogelio Yepez, adjunto de la Delegación Estadal Falcón,realizaron coversatorio con los estudiantes del Liceo Nacional Cecilio Acosta sobre el respeto y la convivencia.
En el conversatorio se advirtio que el ecosistema del acoso se alimenta de la indiferencia;se destacaron tres puntos clave que buscan sacudir la conciencia de los alumnos:
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No es un juego: Lo que algunos llaman «chalequeo» o diversión, para la víctima es el motivo por el cual no quiere levantarse de la cama.
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Las palabras también golpean: Un insulto puede doler más que un puño. Mientras las heridas físicas sanan, el daño a la autoestima puede durar toda la vida.
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Callar te hace cómplice: El funcionario fue enfático: si ves un abuso y no dices nada, le estás enviando un mensaje a la víctima: «tu dolor no me importa».
Más allá de la charla, el CICPC entregó herramientas reales para que los estudiantes sepan cómo actuar hoy mismo:
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Si sufres acoso: Buscar ayuda es de valientes. Los comisarios recordaron que hablar con un adulto de confianza no es ser un «soplón», es proteger la propia vida.
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Si eres testigo: No te burles. Tu apoyo puede ser el salvavidas de alguien que se siente hundido.
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Si eres quien acosa: El respeto real se gana con admiración, nunca con el miedo de los demás. Siempre hay oportunidad de detenerse y cambiar.
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