Hoy nos reunimos en la Iglesia San Charbel, con el corazón lleno de devoción y agradecimiento para celebrar una misa muy especial, en la que honramos a nuestra Virgen del Carmen, Reina y Madre de los Cargadores, protectora de todos aquellos que buscan refugio bajo su manto sagrado. Pero también, en este mismo acto de fe, rendimos homenaje a aquellos hombres y mujeres valientes que, inspirados por su ejemplo de fortaleza y entrega, sirven a Venezuela con honor: nuestros funcionarios policiales.
Son hombres y mujeres que en cada paso firme por las calles, en cada acto de servicio desinteresado, llevan consigo no solo el deber, sino también la esperanza de un país mejor. Hoy, al elevar nuestras plegarias, recordamos a quienes han dado incluso su vida por proteger la nuestra. Son héroes anónimos, guardianes de la paz, que merecen nuestro respeto y oración.
La Virgen del Carmen, con su mirada tierna y sus manos extendidas, nos recuerda que el amor y la protección divina nunca nos abandonan.
Me siento inmensamente orgullosa en pertenecer al Cicpc, mi familia institucional, de contar con hombres y mujeres nobles, profesionales y sobre todo, humanos, que siempre están prestos para brindar tranquilidad y seguridad a nuestra bella Venezuela.

